La internacionalización de la guerra

La guerra en Ucrania es internacional desde el principio porque Putin la inició con apoyos de Bielorrusia y Chechenia, además del grupo Wagner. A esto hay que añadir los combatientes que se van a incorporar desde Siria y otros países, que no serán tantos como anuncia la propaganda. A medida que a Putin se le van complicando las cosas éste va aumentando el nivel de amenazas contra cualquier apoyo occidental a Ucrania, a pesar de no haber entrado, por el momento, en la guerra.

Sobre la expansión de la OTAN

Su chantaje con la OTAN forma parte del mismo esquema, mientras no quiere su expansión, que nunca ha sido hostil, él sí ha expandido su propia OTAN invocando el Tratado de Seguridad Colectiva para atacar Chechenia, Georgia, Moldavia, Ucrania, establecer sus tropas entre Armenia y Nagorno-Karabaj, e intervenir en Bielorrusia y Kazajstán cuando han tenido intentos de revoluciones prodemocráticas. La posible inclusión de Ucrania en la OTAN no era la principal amenaza para Putin porque estaba lejos de cumplir las condiciones. Su mayor amenaza fue el primer cambio democrático de gobierno en el país, su acercamiento a la UE y el Maidan 2014. Le molesta más la democratización que están experimentando países de su entorno, que hasta entonces estaban bajo su influencia, que la expansión de la OTAN.

Secretario General de la OTAN Jens Stoltenberg (Imagen – www.rferl.org)

Ahora Serbia amenaza con un conflicto armado con Kosovo si se acepta su petición de entrar en la OTAN. Y que Putin exija, tras violar el memorándum de Budapest, que Ucrania se desmilitarice y asuma todas sus exigencias, sería volver a dejarla indefensa con la integridad territorial, por lo que su necesidad de estar bajo un paraguas de seguridad debe ser puesta encima de la mesa. Con esta guerra no ha logrado más que avanzar en lo contrario, que una serie de países similares tengan la perentoria necesidad de integrarse en un mismo paraguas de protección ante la agresión de un país vecino. El papel de la OTAN en Europa no tiene otro cometido y con esta guerra Putin le ha dado aún más sentido. La expansión de la OTAN nunca ha sido ofensiva ni amenazante para Rusia, sino defensiva, y Putin teme más a la democratización del espacio postsoviético.

Todo este tipo de chantajes que ponen en jaque la soberanía de los Estados son puro “totalitarismo”, y mal haríamos plegándonos a sus amenazas porque entonces seríamos los próximos y acabaría con nuestras democracias.

Sobre lo nuclear

Hasta ahora las armas nucleares han sido utilizadas como arma estratégica y como disuasión política. Según el decreto presidencial ruso de 2020 sobre el uso de armas nucleares solo recurriría a éstas si fuera atacada con armas de destrucción masiva, o si un ataque amenazara la existencia misma del Estado.

Las centrales nucleares ucranianas están protegidas por un armazón de acero y hormigón capaz de soportar estos ataques e incluso algunos tipos de misiles, pero no sus depósitos de combustible. Cuando se bombardeó la central de Zaporiya se hizo sobre un inmueble colindante. Este ataque hay que valorarlo en su contexto, se produjo tras la invasión del espacio aéreo sueco por parte de cuatro cazas rusos. Es, por tanto, un intento de provocación para ponerlos a prueba y ver si reaccionarían ante una escalada.

Sí que podría llegar a usar armas tácticas nucleares de forma limitada, pero cualquier otra tentativa más ambiciosa conllevaría una destrucción mutua.

Y sobre el posible uso de armas bacteriológicas y químicas, de nuevo, al acusar de esto a occidente está adelantando lo que ellos pueden llegar a hacer.

Factores socio-culturales

Las guerras no las determinan solo las capacidades militares, pues los factores socio-culturales, como vemos en este caso, pueden jugar un papel clave. La moral ucraniana no va a ser derrotada por la fuerza militar rusa. Esta premisa ya se vio en Vietnam y Afganistán.

Civiles ucranianos reciben entrenamiento militar (Imagen – www.npr.org)

Aun en el supuesto de que Putin lograra derrocar al gobierno u ocupar todo el país, cosa que aún sigue teniendo difícil, no podría mantenerlo ni militar ni económicamente, ni tampoco hacerse con todo el control político-administrativo. Nunca podría lograr la sumisión de la población, lo que llevaría a una guerra de guerrillas durante años. Pero no es el escenario más plausible, sigo sosteniendo, como cuando estuve en el Maidan 2014, que todo esto acabará con una partición del país. Lo que queda por ver es si lo que quede de Ucrania tendría acceso al mar. En este sentido, hay dos posibles particiones:

1.- Conectar Donbas con Crimea a través de Mariúpol, de ahí que el asedio se esté ensañando más en esta última. Esto haría perder a Ucrania el mar de Azov.

2.- Todo lo anterior hasta Transnistria, lo que la haría perder Odesa y el mar Negro, y la dejaría sin ningún tipo de acceso al mar.

La batalla sobre Kyiv aún no está clara, y aunque pretende reeditar un Grozni-Aleppo, en este caso su destrucción sería tan simbólica que se le volvería en contra. En el peor de los casos, la capitalidad y el gobierno se moverían al oeste, enclave de mayor control ucraniano.

Efectos contagio

De momento esta guerra está contenida en un contexto regional, pero cuanto más se prolongue más probabilidades habrá que cualquier incidente o error de cálculo acabe implicando a occidente. Podría ser por Moldavia, el Báltico o Polonia, o desde cualquier otra derivada que vaya tomando el conflicto. La prolongación nos conllevaría un mayor nivel de exposición, aunque la potencia militar occidental sería superior a la rusa, sin que Putin tuviera capacidad para actuar mucho más allá de Ucrania.

Cuantos menos logros obtenga en esta guerra más elevará la amenaza, pues está en una táctica de escalar para desescalar o ganar la guerra con un buen reparto del país a su favor. Por ello se echa en falta el papel de un mediador único oficial, que tenga un perfil más potente de los que hemos visto hasta ahora y goce del respeto de Putin.

María Amparo TORTOSA-GARRIGÓS

María Amparo TORTOSA-GARRIGÓS es consultora en política y seguridad internacionales

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